EL CONSUMO DE LECHE DE ORIGEN ANIMAL

El ser humano es el único mamífero que ingiere leche procedente de otro animal una vez pasado el periodo de lactancia, sin tener en cuenta que la leche que produce cada mamífero es específica para su especie, no para otras.
La leche es un producto que se altera y contamina muy fácilmente. En su obtención, pasa por procesos que hacen que pierda sus propiedades originales. Durante la homogeneización se reduce el tamaño de las partículas de grasa para evitar que la crema se concentre en la superficie. Para que el tamaño de las partículas sea homogéneo se dispara el chorro de leche a presión contra una plancha de acero a unos 50-60º grados. Se rompen la mayoría de las estructuras lipídicas y proteicas. La pasteurización es la aplicación de altas temperaturas, destruyendo la mayor parte de los microorganismos, pero no todas las esporas. Después es sometida a un enfriamiento rápido, que si no se hace correctamente permite que germinen las esporas que sobrevivieron. Las altas temperaturas provocan la coagulación de las proteínas, y una pérdida importante de vitaminas B1, B6, B12 y C. La esterilización combina altas temperaturas durante un largo tiempo para eliminar gérmenes patógenos y toxinas con el fin de mantener el producto en buen estado durante más tiempo. Se pierden vitaminas B1, B2, B3, B6, B12, A, C y D, y algunos aminoácidos esenciales. La leche UHT es leche sometida a muy altas temperaturas durante un periodo más corto, pero con las mismas consecuencias que las anteriores.
La publicidad actual nos ha enseñado que el calcio es esencial para el ser humano, pero lo importante no es la cantidad ingerida, sino su biodisponibilidad. Diversos estudios han demostrado que el aumento del consumo de leche u otras fuentes de calcio por mujeres adultas, no implican un menor riesgo de fracturas propias de la osteoporosis. También se ha demostrado que la leche animal desmineraliza a los adultos. La leche de vaca baja los niveles de calcio aumentando la incidencia de la osteoporosis. En cambio, el calcio de origen vegetal si disminuye el riesgo de sufrirla. La relación calcio-fósforo de la leche de vaca no es adecuada para el ser humano, ya que es muy elevada en fósforo y acidifica el organismo.
Por otro lado, ingerir grandes cantidades de proteínas lácteas produce un exceso de acidez que el organismo intenta compensar mediante la liberación de minerales alcalinos. Con una ingesta de 75 gramos de diarios de proteína láctea se pierde más calcio del que se absorbe a través de la dieta. La caseína de la leche de la madre, es completamente asimilable por el bebé, pero no ocurre lo mismo con la leche de vaca. Ésta sólo se digiere parcialmente, por el efecto neutralizador de la leche sobre la acidez gástrica, indispensable para su ruptura. Los efectos de la caseína son entre otros, que se adhiere a los folículos linfáticos impidiendo la absorción de otros nutrientes, y que puede provocar problemas inmunológicos por el gasto extra de energía que supone deshacerse de sus residuos metabólicos.
La leche humana tiene 45 gramos de lípidos por litro, de los cuales el 55% son poliinsaturados, y el 45% saturados. Contiene ácido linoleico, que es precursor de prostaglandinas y leucotrienos antiinflamatorios. La leche de vaca tiene un 70% de saturados y un 30% de poliinsaturados. Esto favorece la formación de leucotrienos inflamatorios. Por lo tanto podemos decir que la leche de vaca es una sustancia inflamatoria.
La leche de vaca contiene 59 tipos de hormonas. La más importante es la del crecimiento, que hace que los terneros crezcan más rápido, pero que el ser humano no necesita ingerir, y que unida a otros tóxicos puede provocar enfermedades degenerativas. La hormona recombinante de crecimiento bovino sirve para aumentar la producción de leche, y en el ser humano puede provocar el crecimiento incontrolado de células (cáncer).
En la leche de vaca podemos encontrar todo tipo de tóxicos (por los envases, la comida que ingieren…): metales, plásticos, detergentes, desinfectantes, pesticidas, fertilizantes, micotoxinas, antibióticos, contaminantes radioactivos, dioxinas.
Se cree que muchas enfermedades pueden estar relacionadas de manera más o menos directa con el consumo de leche: autismo, colitis ulcerosa, colon irritable, migrañas, reacciones alérgicas, úlceras pépticas, migraña, linfomas, incontinencia urinaria, varios tipos de cáncer, fatiga crónica, estreñimiento, esclerosis múltiple…

Esta entrada fue publicada en Alimentación. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>