EL ARTE DE EVOLUCIONAR

EVOLUCIONAR: desenvolverse o desarrollarse pasando de un estado a otro. Mudar de actitud, de conducta o propósito.

Todo buen aprendizaje debe pasar por el cero…

Todo buen aprendizaje comienza con un golpe encima de la mesa y un “hasta aquí”. Da igual porqué, da igual cómo y da igual dónde. Pero no da igual cuando. Cuando te das cuenta de que las huellas corren el riesgo de convertirse en cicatrices…ese el momento de aprender…

Continúa con una sensación de vértigo, de vacío, de miedo a equivocarse. Y la confusión a veces te empuja a volver hacia atrás, al “por si acaso”, al “y si”… Y entonces es necesario un tiempo de silencio. Un tiempo que suele venir pintado de soledad y oscuridad, y nos invita a salir corriendo, a iniciar una huída hacia ningún sitio. Ahí es donde hay que coger perspectiva, distancia,  y observar la bifurcación: una huída que te lleva a tapar, a esconder los fallos, a ponerte un antifaz y seguir para delante dando palos de ciego; o el camino que te invita a resolver, a enfrentarte a ti mismo y a abrir los ojos a la realidad.

El primer camino cronifica, estanca. Te salva del corto plazo, pero te pasa factura en el largo. Es como sacar la piedra de la mochila, pero seguir cargando con ella en los brazos…y al final todo cae por su propio peso. El primer camino te lleva a llenar tu tiempo de mentiras, te convierte en un superviviente más, y convierte las huellas en cicatrices insalvables. Pinta una cifra positiva en tu marcador, que esconde una negativa.

pies-con-piedrasEl segundo soluciona, evoluciona.  Y una vez empiezas a caminar por la segunda opción (que debería ser en realidad la única), comienzas a  “salirte fuera de ti y de la situación” para poder ordenar todo lo acontecido. Se necesita de valentía y de autocrítica para hacerse responsable (que no culpable) de los errores propios, y se necesita de generosidad y amor para  ser capaz de perdonar los ajenos.  Y es que, ver que no le pusimos la suficiente energía, o que le pusimos demasiada, o que fuimos inoportunos, o que tuvimos demasiada prisa, o que no le dimos el valor que merecía, o no nos lo dimos a nosotros mismos… o mil errores más que pudieron ser…asusta. Pero más miedo da volver a tropezar con esa misma piedra una vez que tus brazos se rindan y caiga con aplomo al suelo. La realidad es que en su momento viste esos errores propios como aciertos, y esos errores que hacen que te lleves las manos a la cabeza, o al corazón, son los que ahora te van a ayudar a crecer, a evolucionar. Tú eres esos errores, así que, llóralos, laméntalos, maldícelos…pero sobre todo apréndelos.  

¿Y qué hacemos con los errores ajenos? Llorarlos, lamentarlos, maldecirlos…y aceptarlos, porque no estaban en tus manos, y porque también esconden su lección. La principal: tú no eres esos errores, no te castigues por no controlar lo que tu entorno puso en tu camino.

expansion-3_805794Y entre tanto error están esos dulces aciertos: decisiones que renovaron tu ilusión, palabras que pronunciaste en el momento exacto, oportunidades que aprovechaste en su justa medida, consejos que sabiamente seguiste…y de todo esto también deberíamos aprender, porque es de inteligentes reconocerse bueno en algo, reconocer todas tus grandes virtudes y sacarlas el máximo partido.

 

Ni errores ni aciertos se pueden cambiar. La vida no es una película que podamos rebobinar ni adelantar. Ni una obra de teatro que admita previos ensayos. La vida es ahora, y si decidiste jugar a una carta, y la jugaste hasta el final, y has sabido retirarte a tiempo, entonces es que lo estás haciendo bien. Podemos arrepentirnos de no jugar todas nuestras cartas, pero no de jugarlas y que la partida no de los resultados esperados.

ceroY pasada esa dura etapa de análisis, de evolución, el tiempo pasa a estar pintado de oportunidad. Ahí lo tienes, un marcador a cero. Todo un partido por jugar. La piedra se hizo añicos y llegaste al final de un camino que abre cientos de caminos más…Y el que va en paralelo al tuyo… el que no elegiste…ese camino no pasa por el cero, y no tiene fin.

Apúntate otro acierto, y vive!! Más fuerte, y sobre todo: más sabio.

 

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